viernes, 24 de abril de 2009

YAU Capitulo 4 - La noche más dura

Son las cinco de la mañana, me levanto como si me hubiera bebido dos botellas de bourbon, con la boca pastosa, un poco de dolor de cabeza pero sin molestias graves, parece que ha desaparecido aquel dolor de espalda que me machacó ayer. Me levanto y veo que mi compañero de cuarto ya ha marchado por lo que supongo que en algún momento he dormido profundamente, me incorporo y salgo al exterior del maravilloso “loft” en el que he dormido con la bolsa de las 100 millas y me dirijo al baño tras atravesar una zona repleta de nieve ya que el susodicho baño está a unos treinta metros en el exterior.

Cansado me quito la ropa y me lavo en una pequeño lavabo, veo algunas marcas en mi cuerpo debido seguramente a laceraciones al tirar de la pulca, me aseo y abro el “drob bag” para buscar ropa nueva para ponerme y hablar con la organización de cómo pueden llevarme al hotel de Whitehorse, ya tengo asumido que no hay nada que hacer cuando de pronto, entre la ropa aparece un objeto al que le tengo un gran aprecio, una barretina, una vieja barretina que no se como llegó allí, instintivamente me la pongo en la cabeza y me miro al espejo, ya no veo a aquel tio desconocido de la foto, aunque no hago la mejor cara del mundo me doy cuenta que tan poco estoy tan mal físicamente, ya no me duele la espalda y de pronto aparece una fuerza desconocida, un compendio de rabia, excitación y poder, “Que collons” y si sigo una etapa más, me pregunto, la respuesta es obvia…...adelante, ¿Qué se han pensado estos tipos de la organización?, que pueden ningunear a un Catalán cabreado, pues no.

Vuelvo a la habitación y recojo rápidamente todos los bártulos, con una fuerza inhumana que me llenaba totalmente, salgo a la calle y voy al bar del hotel, con mucho cuidado me pongo toda la ropa que allí había dejado para que se secara y vuelvo a salir al exterior para ver el trineo, que está lleno de nieve, cojo los termos para llenarlos de agua. El motorista, dueño del hotel me mira por encima de sus gafas mientras me dice donde puedo coger el agua caliente, debería pensar que estaba loco, los lleno con bebida isotónica y me tomo rápidamente un café, son las seis y cinco minutos de la mañana, miro la pizarra donde se apuntan las clasificaciones i veo que está apuntado que me he retirado, lo tacho con un rotulador y marco “hora de salida 06:05h”, ya no hay vuelta atrás, otra vez estoy inmerso en una sensación de alegría y determinación, con la barretina puesta en mi cabeza salgo a la calle, aún es de noche, no hay nadie de la organización y lanzando un improperio al cielo “a la mierda!!!” empiezo a colocarme el arnés y cantando alegremente “Els Segadors” entro en la noche que me envuelve, ni se me ocurre mirar atrás, para que.

Empiezo siguiendo una senda que ha quedado llena de nieve, me cuesta un poco más de lo normal arrastrar estos 40 kg que ya son un apéndice de mi. Con pasos suaves sigo avanzando por el sendero, hay que calentar despacio . Merecía la pena continuar solamente para poder ver aquel paisaje, un estrecho camino rodeado de árboles mientras un blanco plomizo indicaba que estaba saliendo el sol, me giro para ver el paisaje tan majestuoso y veo que detrás mío hay otro competidor que aprovecha mientras estoy comiendo para saludarme y pasarme, cruzamos unas palabras y sigue adelante con cara de determinación. Con un poco de lomo de C’an Deulofeu que me ha dado un poco más de fuerza continuo acelerando el paso, pienso en mi amigo Javi, ayer cuando estaba destrozado pensó que mientras el dolor no fuera tan intenso había que aprovechar para tirar más fuerte y así lo hago. Empiezo a acelerar y al poco rato veo a lo lejos el corredor que me había pasado hacía un rato que está atravesando un gran lago, la fuerza y determinación hace que saque unas fotos y grave un par de videos con la cámara de fotos ya que la de TV3 la lleva Javi. Uno de ellos haciendo reflexiones y otro cantando el himno de C’an Barnés “ somos la colla de cal Barnes, somos la crema la rama en flor…..y visca el Barça”, la música ha sido uno de mis acompañamientos en tanta soledad, juntamente con la música de Morcheeba alternaba con una canción de Kiko Veneno “ Pata palo , es un pirata malo, que come pulpo frio y bebe agua del mar…lalala…..”. En estos momentos mi ánimo estaba al 100% y mi ritmo cada vez era más vivo hasta llegar al lado del otro corredor, un saludo rápido y como si me hubieran puesto un cohete en el culo sigo adelante, creo que puedo terminar esta carrera de locos. Estoy siguiendo el curso de un río y a los lados un blanco manto cubre todas las superficies, solamente unas marcas de pasos de animales rompen esta monotonía. El sol hace acto de presencia y me regala un día maravilloso que aprovecho para parar, beber un poco de agua y comer un poco de pasta ya que no quiero que otra vez venga el “hombre del mazo” y me de otra bofetada, antes de iniciar la travesía hago unas fotos.

He dejado el cauce del primer lago y empieza una gran cantidad de subidas y bajadas, en una de ellas incluso tengo que ponerme los grampones para poder subirla, sigo viendo las marcas de los perros de la Yukon Quest que ahora están en una zona con muchos árboles con una pista muy sinuosa que alterna unas buenas subidas con unas bajadas que hago corriendo para que el trineo no me pase por encima, creo que estoy llevando un buen ritmo aunque a parte del mapa que llevo encima no tengo otra indicación de los kilómetros recorridos. De prono aparece una imagen majestuosa, intimidaba tal grandiosidad, era un gran lago , hay tantos que en el mapa no salían los nombres de estos, tenía una isla en medio y a lo lejos, muy a lo lejos se distinguía una figura que avanzaba por aquel mar de hielo. Pongo los pies en el lago tras una vertiginosa bajada, pienso que tiene que ser seguro ya que solamente veo la marca del trineo del corredor que me antecede. Ya es medio día y tomo la decisión de acabar de pasar aquel lago y después parar para deshacer un poco de nieve, el sol me obliga a volver a ponerme las gafas de sol y con determinación camino rápidamente, solamente me paro para quitarme las fundas de los pies y una capa de ropa para ir más rápido ya que ha empezado de nuevo a dolerme la espalda, estos tramos técnicos me han hecho mella. Seguramente calculé mal y debería haberme parado antes pero ya estaba en medio del lago, a mi derecha veo una cueva encima de una gran pared, como hubieran disfrutado mis amigos del Matxacuca escalándola, seguramente allí debería vivir el oso Yogui, me rio mientras sigo por aquel imponente paisaje.

Los pensamientos de mis amigos hacen aparición y reflexiono sobre el discurso que tengo que preparar para la boda de mi amigo David Camps que tengo que hacer a la vuelta , camino paso a paso pensando en todos ellos para que me acompañen en esta aventura, es una manera de tener la mente ocupada y hacer unos pasos para todos aquellos que me han ayudado o han significado algo importante en mi vida, pienso en mi família. A lo lejos veo que se termina el lago y me siento más aliviado ya que estoy consumiendo las últimas reservas de agua de que dispongo y no es plan hacer fuego encima del hielo del lago, media hora más tarde llego al final del lago y me siento encima de la pulca para comer mientras estoy fundiendo la nieve, miro el mapa y veo que estoy aproximadamente en la mitad de la etapa, quedan 30 millas.

Ya tengo el lago en el saco así que otra vez estas fastidiosas subidas y bajadas, algunas de ellas auténticos muros con hielo que con paciencia voy pasando, el dolor sigue en aumento y meto mano a la farmacia con un “inacid” y un protector de estómago. Pienso que he acertado saliendo en esta etapa ya que si no puedo seguir puedo meterme en el saco, ponerla cinta fosforescente que nos ha dado la organización y esperar a que vengan a buscarme, parece más honroso que abandonar aunque sigo con la idea fija de llegar como mínimo a Cramaks. Subir y bajar en un terreno propio de un circuito de motocrós con aquellos fastidios dubbies que castigan la espalda y las articulaciones. Centro mis pensamientos en cualquier parte de mi cuerpo que no esté maltratada para mitigar el dolor, es un consejo que me dio mi amigo y fisio Vadim y que funciona bien, además de tener la mente en blanco, nunca mejor dicho, para caminar automáticamente con el piloto automático, al menos en los lagos.

Una bajada más y llego al Coghlan Lake, el más largo del día, en el centro me espera una agradable sorpresa, Cyd, la esquiadora de faz imperturbable está en medio del lago sentada encima de su pulca mientras tomaba una taza de te, me invita y me siento en mi trineo, miro alrededor, estamos totalmente solos, si hubiera sido una cita romántica habría sido la mejor de mundo, le explico este pensamiento y se ríe, ahora está más relajada y bromeamos sobre las paradojas de la vida que nos han llevado a este lugar, su hermano va muy retrasado y está muy tocado físicamente y ha decidido esperarlo para pasar la noche al final de lago montando la tienda de campaña. Decido seguir y me despido, parece que me estoy encontrando mejor, la cita y el antiinflamatorio han hecho maravillas. Llego al final de lago cuando a mi espalda oigo el ruido de una moto de nieve, me paro y hablamos un momento, me dice que faltan unos 30 km para legar al CP, me parece mucho, estaba convencido que estaba más cerca del CP4 de Ken Lake, habrá que conformarse pienso, la noche se acerca y su oscuro manto me cubre y me introduce en el mundo de las tinieblas, se ha levantado un poco de viento y esto no son buenas noticias ya que la sensación de frio se intensifica además de poder perder la senda por el movimiento de la nieve.

He calculado que alrededor de la media noche puedo llegar al CP4, siempre que las condiciones no empeoren. Ahora estoy resiguiendo el cauce de un rio con algunos lagos como el de Erank que lo paso por la izquierda, el tiempo va empeorando hasta que entro en una zona de árboles que mitigan estas sensaciones. El dolor ha vuelto a aparecer y esta vez parece que va a quedarse, me resigno y sigo con las subidas y bajadas, muy incómodas por cierto. Son las diez de la noche y estoy pateando desde las seis de la mañana, parece mentira como aguantan mis piernas que no me han dado ningún problema, los entrenamientos que mi amigo Jospe Carballude me ha preparado están dando sus frutos y esto me alegra. A las once llego a un lago, miro el mapa y veo que probablemente será el penúltimo, miro mis escasas reservas de agua y calculo, muy mal por cierto, que puedo pasar este lago sin problemas. Entro en una zona descubierta del viento y las ráfagas impactan en mi cara como bofetadas, a cada paso parece que la nieve se va hundiendo más y cada vez me cuesta avanzar, el trineo cada vez es mas pesado y tengo dificultades en ver las marcas de la senda que casi ha desaparecido, suerte que no nieva, pienso. De pronto me hundo hasta la cintura, un pensamiento cruza mi cabeza, ¿será suficiente la capa de hielo?, si no es así ya estoy perdido., me sereno de pronto ya que delante de situaciones límites la tranquilidad es lo primero que se tiene que poner en práctica ¿Qué haría Javi en este caso?, intento volver a las marcas pero sigo hundiéndome, me quito el arnés y me pongo encima de la pulca que está hundida casi un palmo y rápidamente me pongo las raquetas, me cuesta alcanzar la verticalidad y lo consigo. Hago balance de la situación y me doy cuenta que algo de nieve ha entrado entre el cubrebotas y las zapatillas, con mi frontal intento encontrar el final de aquel lago y las marcas se ven muy poco. Con mucho trabajo empiezo a avanzar por aquel infierno, al lado veo árboles pero no distingo ningún sendero, llego hasta el final e intuyo una zona despejada con árboles, haré fuego, pienso, penosamente salgo y me encuentro otra vez con un sendero, aunque no hay marcas supongo que no puede haber otro.

Enseguida me pongo en marcha para solucionar el problemas más grave, la nieve en la botas se está deshaciendo y podría congelarse por lo que rápidamente arranco unas pequeñas ramas y arranco unos árboles que están muertos, a la izquierda de la pista monto la improvisada fogata que intento encender con un tubo de gel inflamable que llevo en la pulca, pruebo de encender el mechero y no funciona, parece congelado, lo froto con fuerza para intentar que se ponga en marcha, seguramente este momento es uno de los más tensos de esta aventura, cojo el otro encendedor y tampoco funciona, al final consigo encenderlo, menos mal, una pequeña llama va prendiendo las ramas más pequeñas, acerco mis frias manos para calentarlas y poco a poco voy añadiendo ramas más gruesas que he ido cortando con la sierra que compramos en Whitehorse, añado otros troncos impregnados con el gel inflamable, por fin noto la radiación del calor. Me siento encima de la pulca y saco unos calcetines de recambio, dedo a dedo me pongo los injinji plata, parece que me estoy recuperando.

En todo este proceso que ha durado dos horas no he bebido nada y mis reservas están muy bajas, la tensión me ha mantenido despierto, intento levantarme cuando la cabeza me da vueltas, estoy entrando en una bajada de glúcidos de una manera alarmante, me concentro y voy al trineo a buscar el botiquín, suerte que lo tenía a mano, reflexiono rápidamente y decido inyectarme el Glucagen, remedio de emergencia para situaciones extremas, agradezco a Marina Basart que me preparara este botiquín, esto me dará unos minutos de lucidez para tomar las decisiones más correctas, mi pulso se acelera, supongo que sería por la excitación y el efecto de este medicamento. Cojo la pala, el fogón de Primux y pongo rápidamente a deshacer nieve, la primera me la tomo un poco fría con Powergym y cómo un gel energético y una barrita. Parece que se ha solucionado el problema pero decido que continuar en estas condiciones no es lo más acertado y después de llenar los dos termos y una botella cojo la pala y preparo un sitio donde poder descansar un rato, la funda, la alfombrilla y el saco. Rápidamente me quito el plumas y me pongo con los zapatos dentro del saco con un termo a mano para ir bebiendo y una botella vacía para poder orinar.

En el saco pienso en todo lo que me ha pasado, como he reaccionado y como empiezo a sentirme bien, estoy totalmente adaptado al medio y se todo lo que tengo que hacer en cualquier momento, las enseñanzas de Javi han servido a la perfección. Poco a poco va apareciendo el dolor de espalda, parece que el cuerpo sabía que había cosas más importantes que hacer que molestarme con esta minucia comparada con los problemas que tenía. Poco a poco mi corazón se ha tranquilizado y empiezo a concentrarme para poder descansar y repasar mentalmente los próximos movimientos, que serían al cabo de unas horas, escaneo mi cuerpo mentalmente para valorar mi estado y poco a poco mis ojos se van cerrando, son las tres de la noche, hace 19 horas que salí de Barenbourn.

Aún es de noche son las seis y poco a poco me voy desperezando, hace mucho frio y tengo que tomar una decisión y levantarme cuanto antes, repaso los movimientos que tengo que hacer y busco con la mirada donde tengo todas las cosas que necesito, la ropa está entre el saco y la funda y la pulca a mi lado. Rápidamente me levanto y realizo todos los movimientos que había previsto previamente, bebo un poco de agua y noto un “run run” en las tripas, habrá que hacer de vientre, busco una toallita y me pongo al tema, ha sido muy rápido, más tarde pensé que la adaptación hace que las operaciones fisiológicas más problemáticas se hacen tan rápidamente para evitar que partes sensibles estén más tiempo del necesario en contacto con el frio, imaginaros que se congela el submarino jejeje… . He cargado todo el material en el trineo y empiezo a andar ya que he cogido un poco de frio, a los cinco minutos ya estoy bien, otra vez los cantos de guerra, estoy muy contento y feliz, estoy donde quiero estar y me siento bien y muy fuerte, tanto como aquellos buscadores de oro los leñadores de camisas a cuados que partían un árbol de un golpe de pulanski.

Caminando por un estrecho sendero con las consiguientes subidas y bajadas que castigan mi maltrecho cuerpo llego al Ken Lake, esto espero, pero no me importa no tengo prisa, quiero aprovechar hasta el último minuto de esta aventura. Avanzo con paso decidido por este intenso mar cuando a lo lejos veo una figura en un montículo encima de una colina que mueve los brazos enérgicamente, hago lo mismo, ¿Será Javi?, lentamente me voy acercando y poco a poco voy distinguiendo una figura vestida de color rojo, ya no hay duda es Javi que baja de un empinado camino, nos abrazamos como si hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos, lo abrazo y con la emoción me pongo a llorar “que putas las he pasado” le digo, “estaba muy preocupado por ti al ver que no llegabas”, me dijo. Me ayuda a subir aquel muro de hielo para llegar al CP4 donde había una pequeña casa de madera, me dice que lo van a evacuar rápidamente ya que no puede continuar ya que la lesión se le ha agravado mucho, le digo lo mismo y entro en la cabaña donde poco a poco me voy quitando la ropa ya que hace una buena temperatura y me pongo al lado de una estufa de hierro, me ofrecen una taza de caldo y me preguntan como estoy. Con toda la serenidad de una decisión totalmente reflexionada les digo que no puedo seguir en carrera, la espalda me está doliendo mucho y no creo que pueda llegar al próximo control que estaba a solo 40 km. Con Javi nos explicamos el día y las aventuras que hemos pasado, conversamos alegremente mientras me como un trozo de “mus” (alce) con los controles que son una señora de Whitehorse y una pareja de Rumanos que hace más de veinte años que viven en Canadá.

La aventura no se ha acabado próximamente redactaré el post de la evacuación y las consiguientes aventuras hasta llegar al hotel de Whitehorse bastantes horas más tarde y las consideraciones finales.

Un abrazo a todos los seguidores

5 comentarios:

Javi Subias dijo...

Si no se aprende, la sinceridad se transforma en insolencia; la valentía, en sumisión; la constancia, en absurda obsesión; el altruismo, en pedantería; la razón, en desorientación; la verdad, en destrucción. Esta claro que tu aprendiste algo compañero. Un fuerte abrazo

DAVID CAMPS dijo...

Ostia Salvador fa una estona que estavem fent un cafè i m'has dit que havies publicat el 4rt capitul i collons com he disfrutat llegint-lo, la veritat es que es apasionant, es fa curt, vols dir que no podries fer un llibre? Ja tinc ganes de veure el reportatge a la tele. Ara que hi penso en el capitol dius que vas pensar en el discurs del meu casament, no m'en pots fer un esbos? jajajajaja

apa company una abraçada

Salvador Ribot dijo...

Et tindràs que esperar una mica per el discurs, el dia vuit nomès serà un petit entreno jejejeje.... el que vaig pensar no ho puc dir en public

Mercè dijo...

Nano no saps la sort que tens que la teva mare no controli això d'internet. Si llegís la meitat del que has escrit tindria un atac, de fet jo m'esgarrifo quan penso el que has fet i en quines condicions.Jo sóc dels que penso que segur que es pot fer en helicopter jejjeje. Una abraçada.

Anónimo dijo...

m´ha encantat.
una abraçada,
pablo segura